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El comienzo
En 1858, John Landis Mason inventó la tapa a rosca, que dominó el mercado por más de un siglo. Significó una gran mejora frente a los días en que se sellaban los envases con cera o corcho. La tapa a rosca no era perfecta, pero para su época fue un enorme avance.
La tecnología avanzó mucho más en el siglo XXI, mejorando la tapa a rosca de formas revolucionarias. Aun después de 100 años, seguimos lidiando con situaciones desafortunadas: mochilas empapadas, tapas demasiado apretadas o riesgos de seguridad por usar las dos manos para tomar un sorbo de nuestra bebida favorita.
Los fabricantes probaron muchas opciones para responder a la urgente demanda de eficiencia al abrir y cerrar botellas. Las tapas abatibles y las tapas con sorbete sirvieron para evitar el roscado y desenroscado, pero traen sus propias dificultades: siguen provocando fugas, cuesta limpiarlas y ofrecen una experiencia de consumo poco ideal que compromete la integridad y la comodidad de la botella.

